Crítica creación

Más que una hermenéutica, una erótica del arte

Mar 22, 2010 3:29pm
Este disco, editado en 2006, lo compré hace un par de años en un pequeño reducto melómano de la ciudad de Buenos Aires, al fondo de una galería de la calle Corrientes. Ahora ese reducto ya no está. El disco salió barato. Lo pongo a consideración de gente que no puede conseguirlo por los mismos medios que yo. Por ejemplo, por vivir en Nebraska, en Cataluña, en Arroyo Algodón, en Colonia Pastoril, o en cualquier parte del mundo donde no creo que la gente de Comme haya distribuido su disco, editado, por lo demás, en forma absolutamente independiente.
Contribuyo a que conozcan un trío argentino más allá del post-rock, del doom, del ambient, del slowrock y de toda etiqueta de denuncie bruma y desolación y climas atrapantes. Después, que el diablo espere tranquilo, o nos rodee. Los que viven en la ciudad de Buenos Aires, bien pueden gastarse los pocos pesos que demanda Colchones de fe, un disco que vale mucho más de lo que se paga por él, y ayudar a Comme, banda formada hace más de diez años, que seguramente espera con parte de ese gasto poder sacar otro disco.
Me pregunto seriamente qué fue de ellos.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://hotfile.com/dl/34064925/0f0be84/Comme.rar.html

Este disco, editado en 2006, lo compré hace un par de años en un pequeño reducto melómano de la ciudad de Buenos Aires, al fondo de una galería de la calle Corrientes. Ahora ese reducto ya no está. El disco salió barato. Lo pongo a consideración de gente que no puede conseguirlo por los mismos medios que yo. Por ejemplo, por vivir en Nebraska, en Cataluña, en Arroyo Algodón, en Colonia Pastoril, o en cualquier parte del mundo donde no creo que la gente de Comme haya distribuido su disco, editado, por lo demás, en forma absolutamente independiente.
Contribuyo a que conozcan un trío argentino más allá del post-rock, del doom, del ambient, del slowrock y de toda etiqueta de denuncie bruma y desolación y climas atrapantes. Después, que el diablo espere tranquilo, o nos rodee. Los que viven en la ciudad de Buenos Aires, bien pueden gastarse los pocos pesos que demanda Colchones de fe, un disco que vale mucho más de lo que se paga por él, y ayudar a Comme, banda formada hace más de diez años, que seguramente espera con parte de ese gasto poder sacar otro disco.
Me pregunto seriamente qué fue de ellos.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

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Sep 21, 2009 5:05pm
Jim Carroll fue un escritor que más que leerse podía escucharse. No sólo porque lo suyo era el spoken word o los recitales de poesía, más que los libros, que le redituaron poco, o nada, sino porque formó una banda allá por los ochenta (o un poco antes), The Jim Carroll Band, con unos cuantos ignotos, al menos para el que esto escribe, que no tuvo nada que envidiarle a cualquier banda post punk que hubiera pululando por ahí, la New York de la No Wave, pero que pese a lo cual obtuvo menos reconocimiento, menos prensa, chicas y esas cosas.
Catholic Boy fue el primer disco del grupo, el más notorio también, con una canción, “People Who Died”, que tuvo cierta rotación en las radios de la época. Y que tuvo cierta rotación, también, a mediados de los noventa, cuando dicha canción formó parte de la banda de sonido de The Basketball Diaries, película mal actuada y peor dirigida basada en el cuarto libro de Carroll, llamado como la película y editado a fines de los setenta.
Es uno de sus dos únicos libros en prosa, el otro no lo leí, y vaya saber si importa.
Carroll pone allí sus recuerdos de infancia arruinada y de adolescencia arruinada, lo usual, padre ausente, madre católica, amistades peligrosas, la droga, decisiones estúpidas, prostitución, etc. O sea, un perdedor hermoso, o un cadáver en potencia, joven, un cadáver todavía joven.
Algún director de cine displicente creyó que con juntar a Leonardo DiCaprio (y hacerle poner cara de sufrido) y unos cuantos anormales le iba a salir una película como la gente, pero no. The Basketball Diaries, la película, es una basura, hecha y derecha. Supongo que el mismo bodrio saldría de un libro parecido, Yonqui, de William Burroughs, que ojalá no se le ocurra a nadie filmar.
Como sea, si para algo sirvió ese film vago y holgazán, que no son la misma cosa, pero que en esta película se dan la mano, fue para descubrir, o redescubrir, este discazo punk de Jim Carroll, un escritor que más que escribir se hacía escuchar.
Tal vez sea, sí, el mejor disco punk después del punk.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://www.mediafire.com/?namtznymzjy

Jim Carroll fue un escritor que más que leerse podía escucharse. No sólo porque lo suyo era el spoken word o los recitales de poesía, más que los libros, que le redituaron poco, o nada, sino porque formó una banda allá por los ochenta (o un poco antes), The Jim Carroll Band, con unos cuantos ignotos, al menos para el que esto escribe, que no tuvo nada que envidiarle a cualquier banda post punk que hubiera pululando por ahí, la New York de la No Wave, pero que pese a lo cual obtuvo menos reconocimiento, menos prensa, chicas y esas cosas.
Catholic Boy fue el primer disco del grupo, el más notorio también, con una canción, “People Who Died”, que tuvo cierta rotación en las radios de la época. Y que tuvo cierta rotación, también, a mediados de los noventa, cuando dicha canción formó parte de la banda de sonido de The Basketball Diaries, película mal actuada y peor dirigida basada en el cuarto libro de Carroll, llamado como la película y editado a fines de los setenta.
Es uno de sus dos únicos libros en prosa, el otro no lo leí, y vaya saber si importa.
Carroll pone allí sus recuerdos de infancia arruinada y de adolescencia arruinada, lo usual, padre ausente, madre católica, amistades peligrosas, la droga, decisiones estúpidas, prostitución, etc. O sea, un perdedor hermoso, o un cadáver en potencia, joven, un cadáver todavía joven.
Algún director de cine displicente creyó que con juntar a Leonardo DiCaprio (y hacerle poner cara de sufrido) y unos cuantos anormales le iba a salir una película como la gente, pero no. The Basketball Diaries, la película, es una basura, hecha y derecha. Supongo que el mismo bodrio saldría de un libro parecido, Yonqui, de William Burroughs, que ojalá no se le ocurra a nadie filmar.
Como sea, si para algo sirvió ese film vago y holgazán, que no son la misma cosa, pero que en esta película se dan la mano, fue para descubrir, o redescubrir, este discazo punk de Jim Carroll, un escritor que más que escribir se hacía escuchar.
Tal vez sea, sí, el mejor disco punk después del punk.

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Aug 17, 2009 10:43pm
Sabía que existían, claro, pero igualmente conocí a Talking Heads tarde. Un gordo amigo me prestó Sand in the Vaseline: Popular Favorites, una compilación maravillosa, editada cuando el grupo ya se había separado (1992). Todas las mañanas me despertaba escuchando “Sugar on My Tongue”, una canción increíble, y me parece que si recuerdo algo de esa época es justamente por esa canción. El día que comienza no es exactamente como cualquier otro si lo primero que se escucha es Talking Heads.
Eso sí: lamento que un melómano como yo haya descubierto tal cosa ya con demasiados días empezados. Me avergüenza. 
En estudio eran únicos, ese disco lo demostraba de sobra, con tantos prodigios provenientes de diferentes momentos: no importaba quién estuviera tras la consola, ellos mismos o Brian Eno, en disco los Talking Heads eran eso, sencillamente únicos, increíbles.
Pero después me enteraría de que en vivo lo eran aún más, tal vez, sí, la mejor banda del mundo. La película-concierto Stop Making Sense, dirigida por Jonathan Demme, nada menos, lo demuestra de sobra: las excentricidades de  David Byrne parecen allí más que justificadas, un producto artístico en sí mismo, más una banda que detrás, pero no mucho, no llega demasiado tarde a nada.
Y The Name of This Band Is Talking Heads es otro tanto.
Se lanzó en 1982, como disco doble: el primer disco es el cuarteto en momentos que van de 1977 a 1979, y el segundo ya lo ocupa la obsesión de Byrne por las mega bandas y por la world music que le había empezado a agarrar por entonces, va del 80 al 81 y es igualmente genial, pese a la cantidad de gente que lo ocupa (a veces unos diez músicos en escena). Igualmente, las mejores canciones están en el primero: “Psycho Killer”, “Heaven”, “Love - Building on Fire”, “Memories (Can’t Wait)” y así.
Es un disco en sí mismo. No un grandes éxitos o algo como eso.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://www.mediafire.com/?vwyvmqdtmyd

http://www.mediafire.com/?j5mme22vjgy

Sabía que existían, claro, pero igualmente conocí a Talking Heads tarde. Un gordo amigo me prestó Sand in the Vaseline: Popular Favorites, una compilación maravillosa, editada cuando el grupo ya se había separado (1992). Todas las mañanas me despertaba escuchando “Sugar on My Tongue”, una canción increíble, y me parece que si recuerdo algo de esa época es justamente por esa canción. El día que comienza no es exactamente como cualquier otro si lo primero que se escucha es Talking Heads.
Eso sí: lamento que un melómano como yo haya descubierto tal cosa ya con demasiados días empezados. Me avergüenza.
En estudio eran únicos, ese disco lo demostraba de sobra, con tantos prodigios provenientes de diferentes momentos: no importaba quién estuviera tras la consola, ellos mismos o Brian Eno, en disco los Talking Heads eran eso, sencillamente únicos, increíbles.
Pero después me enteraría de que en vivo lo eran aún más, tal vez, sí, la mejor banda del mundo. La película-concierto Stop Making Sense, dirigida por Jonathan Demme, nada menos, lo demuestra de sobra: las excentricidades de David Byrne parecen allí más que justificadas, un producto artístico en sí mismo, más una banda que detrás, pero no mucho, no llega demasiado tarde a nada.
Y The Name of This Band Is Talking Heads es otro tanto.
Se lanzó en 1982, como disco doble: el primer disco es el cuarteto en momentos que van de 1977 a 1979, y el segundo ya lo ocupa la obsesión de Byrne por las mega bandas y por la world music que le había empezado a agarrar por entonces, va del 80 al 81 y es igualmente genial, pese a la cantidad de gente que lo ocupa (a veces unos diez músicos en escena). Igualmente, las mejores canciones están en el primero: “Psycho Killer”, “Heaven”, “Love - Building on Fire”, “Memories (Can’t Wait)” y así.
Es un disco en sí mismo. No un grandes éxitos o algo como eso.

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Jun 25, 2009 5:15pm
Si no hubiera sido por Massive Attack, que la invitó a cantar en un par de recitales que el dúo dio el año pasado, nunca me habría enterado de la existencia de Stephanie Dosen. O quizá sí, pero demasiado tarde, cuando todo el mundo ya estuviera hablando de su dulzura, de sus canciones de cuna, de que arrulla con la voz, de comparaciones con Suzanne Vega y cosas así.
Simon Raymonde, ex Cocteau Twins, participa como guitarrista en el segundo disco de Stephanie, A Lily for the Spectre, que salió en 2007. Y que haya un ex Cocteau Twins confiando en las virtudes de Stephanie ya es decir algo. Por principio, arpegios para recostarse en ellos mientras el resto de la música nos arropa. Eso ya es suficiente y me imagino que más o menos es lo que tuvieron en mente los muchachos de Massive Attack, que no suelen elegir a cualquiera para que les cante sus canciones: Elizabeth Fraser, Tracey Thorn, Yolanda Quarty, Sinéad O’Connor… O lo que es lo mismo, voces útiles para todo aquel que quiera emprender la tarea de soñar despierto.
Stephanie Dosen no se queda muy atrás de ninguna de las nombradas, por más que lo suyo sea, todo hay que decirlo, un folk con demasiadas vetas comerciales como para tomarlo muy pero muy en serio, como la gente se toma a, por caso, Joanna Newsom, más freak y ciertamente más “new”. Con todo, me quedo con Stephanie, que grita menos.
Estuvo nominada al premio que entrega la revista inglesa New Musical Express a la cantante más sexie del año, pero perdió.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://www.mediafire.com/download.php?vlhmomlmzk3

Si no hubiera sido por Massive Attack, que la invitó a cantar en un par de recitales que el dúo dio el año pasado, nunca me habría enterado de la existencia de Stephanie Dosen. O quizá sí, pero demasiado tarde, cuando todo el mundo ya estuviera hablando de su dulzura, de sus canciones de cuna, de que arrulla con la voz, de comparaciones con Suzanne Vega y cosas así.
Simon Raymonde, ex Cocteau Twins, participa como guitarrista en el segundo disco de Stephanie, A Lily for the Spectre, que salió en 2007. Y que haya un ex Cocteau Twins confiando en las virtudes de Stephanie ya es decir algo. Por principio, arpegios para recostarse en ellos mientras el resto de la música nos arropa. Eso ya es suficiente y me imagino que más o menos es lo que tuvieron en mente los muchachos de Massive Attack, que no suelen elegir a cualquiera para que les cante sus canciones: Elizabeth Fraser, Tracey Thorn, Yolanda Quarty, Sinéad O’Connor… O lo que es lo mismo, voces útiles para todo aquel que quiera emprender la tarea de soñar despierto.
Stephanie Dosen no se queda muy atrás de ninguna de las nombradas, por más que lo suyo sea, todo hay que decirlo, un folk con demasiadas vetas comerciales como para tomarlo muy pero muy en serio, como la gente se toma a, por caso, Joanna Newsom, más freak y ciertamente más “new”. Con todo, me quedo con Stephanie, que grita menos.
Estuvo nominada al premio que entrega la revista inglesa New Musical Express a la cantante más sexie del año, pero perdió.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

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Mar 18, 2009 12:02pm
Dicen los que saben que Lucinda Williams es demasiado buena para este mundo. Quizá sea cierto, aunque también sería injusto no tenerla. No se hacen muchos discos como los de ella, preciosos y a un tiempo preciosistas, dos cosas que curiosamente no suelen ir bien juntas. No graba mucho, pero así es con todo artista exquisito. Además opera aquí una cuestión de simple imposibilidad: no se puede producir algo tremendamente bueno cada dos por tres —al menos que sea cierto eso de que debería pertenecer a un mundo mejor, y no a este.
Pero las buenas cosas llevan su tiempo y ella lo sabe más que nadie. O mejor dicho sus músicos, a quienes no duda en hacerles grabar el disco entero de nuevo si no quedó del todo bien. Esto es poco. Hay que decir: del todo sublime. En más de treinta años como compositora, cantante y guitarrista, Lucinda ha grabado apenas un puñado de discos. Y todos han pasado frente a nuestras narices como el arte verdadero suele pasar: silenciosa, calladamente, para que después, quizá mucho después, cuando ya estemos listos, vayamos corriendo a buscarlos.
No sé mucho de inglés, pero me late que todas sus canciones hablan de cierto peligro, o imposibilidad, el amor. Se puede percibir que se trata de ello nada más “oyendo” cómo canta, o susurra o grita o dibuja en el aire sus canciones. O viendo nada más lo que hacen en nosotros.
En lo personal, su música me hace acordar mucho a Kate, el personaje de la serie Lost. Son canciones de una mujer que huye. Tal vez de lo más peligroso, lo imposible, lo perfecto, lo ya descrito, lo que no se puede describir.
Car Wheels on a Gravel Road es su quinto disco.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://rapidshare.com/files/28511460/Lucinda_Williams_-_Car_wheels_on_a_gravel_road.zip.html

Dicen los que saben que Lucinda Williams es demasiado buena para este mundo. Quizá sea cierto, aunque también sería injusto no tenerla. No se hacen muchos discos como los de ella, preciosos y a un tiempo preciosistas, dos cosas que curiosamente no suelen ir bien juntas. No graba mucho, pero así es con todo artista exquisito. Además opera aquí una cuestión de simple imposibilidad: no se puede producir algo tremendamente bueno cada dos por tres —al menos que sea cierto eso de que debería pertenecer a un mundo mejor, y no a este.
Pero las buenas cosas llevan su tiempo y ella lo sabe más que nadie. O mejor dicho sus músicos, a quienes no duda en hacerles grabar el disco entero de nuevo si no quedó del todo bien. Esto es poco. Hay que decir: del todo sublime. En más de treinta años como compositora, cantante y guitarrista, Lucinda ha grabado apenas un puñado de discos. Y todos han pasado frente a nuestras narices como el arte verdadero suele pasar: silenciosa, calladamente, para que después, quizá mucho después, cuando ya estemos listos, vayamos corriendo a buscarlos.
No sé mucho de inglés, pero me late que todas sus canciones hablan de cierto peligro, o imposibilidad, el amor. Se puede percibir que se trata de ello nada más “oyendo” cómo canta, o susurra o grita o dibuja en el aire sus canciones. O viendo nada más lo que hacen en nosotros.
En lo personal, su música me hace acordar mucho a Kate, el personaje de la serie Lost. Son canciones de una mujer que huye. Tal vez de lo más peligroso, lo imposible, lo perfecto, lo ya descrito, lo que no se puede describir.
Car Wheels on a Gravel Road es su quinto disco.

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Mar 13, 2009 7:59pm
Pat Noecker, ex bajista de Liars, transformó su bajo para que sonara a otra cosa, se reunió con una guitarrista, un batero y formó These Are Powers hace un par de años, en Chicago. No sólo su bajo suena a otra cosa, a algo transformado. También sus canciones. Y eso que podrían ser algo absolutamente normal, si por normal entendemos poliritmos varios, voces que no dejan de saltar, como en un disco con polvo, samples tajeados y sonidos electrónicos que uno no termina de adivinar con qué fueron hechos. Pero se nota que alguien les ha introducido alguna clase de virus a estas canciones, tal vez el virus del hartazgo. Es que el pobre Noecker fue perseguido por la prensa musical cuando estaba en Liars. Los periodistas modernos no paraban de decir que eran la cosa a seguir.
Por fortuna, Pat Noecker rumbeó para otro lado. 
All Aboard Future es su tercer disco.

Si en su disquería amiga no lo consigue… va a tener que probar en otro lado, porque el link que estaba disponible ya expiró. Lo siento.

Pat Noecker, ex bajista de Liars, transformó su bajo para que sonara a otra cosa, se reunió con una guitarrista, un batero y formó These Are Powers hace un par de años, en Chicago. No sólo su bajo suena a otra cosa, a algo transformado. También sus canciones. Y eso que podrían ser algo absolutamente normal, si por normal entendemos poliritmos varios, voces que no dejan de saltar, como en un disco con polvo, samples tajeados y sonidos electrónicos que uno no termina de adivinar con qué fueron hechos. Pero se nota que alguien les ha introducido alguna clase de virus a estas canciones, tal vez el virus del hartazgo. Es que el pobre Noecker fue perseguido por la prensa musical cuando estaba en Liars. Los periodistas modernos no paraban de decir que eran la cosa a seguir.
Por fortuna, Pat Noecker rumbeó para otro lado.
All Aboard Future es su tercer disco.

Si en su disquería amiga no lo consigue… va a tener que probar en otro lado, porque el link que estaba disponible ya expiró. Lo siento.

Mar 4, 2009 7:31pm
Hay experiencias abrasivas, una mala noche, por ejemplo, o un encuentro no del todo afortunado. Desde sus comienzos, el ambient black metal ha tenido cosas así en mente, difusas y sin embargo dolorosas, cuestiones sin forma a las que quien las experimenta les termina de dar cierto contorno, incluso colores, o sonidos. Se las puede llamar de varias maneras a estas experiencias, que quizá no sean para todos igual de perceptibles. Quizá podríamos hablar de alucinaciones, o al menos de algo parecido, algo que viniera a producirse conforme el interior de cada uno y no de los estímulos de afuera, tal vez y después de todo inexistentes.
¿Se puede acaso citar como estímulo una guitarra eléctrica que apenas suena a eso, una guitarra embuída de sintetizadores, de reverb, de distorsión extrema? Cosas así, cuando se vuelven estímulo, sólo existen en la mente de cada uno, nada más. Para todos los demás es ruido, algo que se apaga para poder seguir con otra cosa.
El dúo Velvet Cacoon, de Oregon, compuesto por Angela y Josh, se adentra en estas experiencias abrasivas, en todas nuestras malas noches, en todos nuestros encuentros desafortunados y en cuestiones que uno no imaginaría en la mente de nadie. Velvet Cacoon se adentra pues en el ruido indescifrable que sólo un enfermo podría entender. Tal vez porque allá afuera no parece haber a simple vista ningún estímulo que se corresponda con lo que suena aquí, en Genevieve, su segundo disco.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://rapidshare.com/files/60864904/Velvet_Cacoon.rar

Hay experiencias abrasivas, una mala noche, por ejemplo, o un encuentro no del todo afortunado. Desde sus comienzos, el ambient black metal ha tenido cosas así en mente, difusas y sin embargo dolorosas, cuestiones sin forma a las que quien las experimenta les termina de dar cierto contorno, incluso colores, o sonidos. Se las puede llamar de varias maneras a estas experiencias, que quizá no sean para todos igual de perceptibles. Quizá podríamos hablar de alucinaciones, o al menos de algo parecido, algo que viniera a producirse conforme el interior de cada uno y no de los estímulos de afuera, tal vez y después de todo inexistentes.
¿Se puede acaso citar como estímulo una guitarra eléctrica que apenas suena a eso, una guitarra embuída de sintetizadores, de reverb, de distorsión extrema? Cosas así, cuando se vuelven estímulo, sólo existen en la mente de cada uno, nada más. Para todos los demás es ruido, algo que se apaga para poder seguir con otra cosa.
El dúo Velvet Cacoon, de Oregon, compuesto por Angela y Josh, se adentra en estas experiencias abrasivas, en todas nuestras malas noches, en todos nuestros encuentros desafortunados y en cuestiones que uno no imaginaría en la mente de nadie. Velvet Cacoon se adentra pues en el ruido indescifrable que sólo un enfermo podría entender. Tal vez porque allá afuera no parece haber a simple vista ningún estímulo que se corresponda con lo que suena aquí, en Genevieve, su segundo disco.

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Feb 22, 2009 7:20pm
En alguna tarde, yo estaba con mi novia de entonces, que por suerte se transformó en mi mujer de ahora, viendo MTV, tomando unos mates, en una casa prestada. Y de pronto apareció Acetone tocando una bellísima canción, “All for the Love of a Girl”. Era un rock cándido, con tintes country, tranquilidad, parsimonia, imágenes tenues y acordes así. Esa canción era de un gran disco, I Guess I Would, de 1995, que nunca pude conseguir y que escuché esporádicamente.
La banda, un trío de Los Angeles, siguió haciendo discos bellos, ninguno con éxito ni relevancia, hasta que su bajista y cantante decidió pasar a mejor vida un verano de 2001, justo cuando, como suele pasar, la popularidad de la banda parecía empezar por fin a remontar, y merecidamente, con este disco, el último, York Blvd., del año 2000.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://www.megaupload.com/?d=S9AWSCC6

En alguna tarde, yo estaba con mi novia de entonces, que por suerte se transformó en mi mujer de ahora, viendo MTV, tomando unos mates, en una casa prestada. Y de pronto apareció Acetone tocando una bellísima canción, “All for the Love of a Girl”. Era un rock cándido, con tintes country, tranquilidad, parsimonia, imágenes tenues y acordes así. Esa canción era de un gran disco, I Guess I Would, de 1995, que nunca pude conseguir y que escuché esporádicamente.
La banda, un trío de Los Angeles, siguió haciendo discos bellos, ninguno con éxito ni relevancia, hasta que su bajista y cantante decidió pasar a mejor vida un verano de 2001, justo cuando, como suele pasar, la popularidad de la banda parecía empezar por fin a remontar, y merecidamente, con este disco, el último, York Blvd., del año 2000.

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Jan 30, 2009 9:37pm
Una pequeña muestra de sugestión sureña de uno de los grupos más bellos del mundo, capaces de lograr, como los Two Gallants quizá, otro grupo bello, proezas de diferente calibre dentro del revival que sufren en este principio de siglo el garage y el southern rock, melodías que ya se escucharon varios millones de veces y que sin embargo siguen impulsando el viejo grito de que será sólo rock and roll pero me sigue gustando cada vez más.
Day Old Belgian Blues es apenas un EP que los Kings of Leon grabaron en Bruselas en 2004, ante un público al que no se lo escucha tan fervoroso como el momento ameritaba. Tal vez si hubieran tocado en Gran Bretaña, donde este tipo de música… ¿”americana”?, ¿”típicamente americana”?, otro habría sido el cantar (del público). Igual, el fervor estuvo arriba (y bien presente).

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://www.mediafire.com/download.php?3fxviowib5z

Una pequeña muestra de sugestión sureña de uno de los grupos más bellos del mundo, capaces de lograr, como los Two Gallants quizá, otro grupo bello, proezas de diferente calibre dentro del revival que sufren en este principio de siglo el garage y el southern rock, melodías que ya se escucharon varios millones de veces y que sin embargo siguen impulsando el viejo grito de que será sólo rock and roll pero me sigue gustando cada vez más.
Day Old Belgian Blues es apenas un EP que los Kings of Leon grabaron en Bruselas en 2004, ante un público al que no se lo escucha tan fervoroso como el momento ameritaba. Tal vez si hubieran tocado en Gran Bretaña, donde este tipo de música… ¿”americana”?, ¿”típicamente americana”?, otro habría sido el cantar (del público). Igual, el fervor estuvo arriba (y bien presente).

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Jan 22, 2009 3:04pm
Jen, protagonista femenina de la serie The It Crowd, quizá una de las mejores de la historia, se queja en un capítulo de la tercera temporada de que sus compañeros de trabajo, un par de geeks irredentos, le hayan hecho conocer todo lo que grabaron los Guided By Voices, un montón de cosas, entre álbumes de estudio, en vivo, soundtracks y demás —o sea todo lo que les vino en gana registrar entre 1983 y 2004, temporada que duró el grupo. Jen se queja no porque la banda no le guste, le termina gustando, una persona se acostumbra a cualquier cosa, menos al dolor, sino porque una chica como ella no tendría por qué conocer a una banda como Guided By Voices. Eso la vuelve extraña, algo que nunca quiso ser, o sea algo especial, estrafalariamente hablando. Guided By Voices es para gente que no encaja en ningún lado. Por ejemplo, geeks irredentos, cultores de historietas, coleccionistas de muñequitos de He-Man y cosas por el estilo, nerds, perdedores, cautivos de gustos atrofiados. Como las canciones de Guided By Voices, es gente que no pareciera progresar nunca, que se quedara en meros amagos, en meros ensayos, gente y canciones que no aspiran a nada, o si aspiran a algo, a la grandeza, por ejemplo, lo hacen de lejos, coquetean con ella, pero en el fondo no les interesa, están demasiado ocupados divirtiéndose, haciendo otra cosa, algo inútil.Siempre pensé que hace falta más gente así, pero sobre todo más grupos así.Vampire on Titus, salido en 1993, es el sexto álbum de Guided By Voices, uno de los peor grabados, a propósito, y también uno de los más encantadores de su carrera… ¿Carrera dije? ¿Qué carrera?Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:http://www.megaupload.com/?d=N6QLRDDG

Jen, protagonista femenina de la serie The It Crowd, quizá una de las mejores de la historia, se queja en un capítulo de la tercera temporada de que sus compañeros de trabajo, un par de geeks irredentos, le hayan hecho conocer todo lo que grabaron los Guided By Voices, un montón de cosas, entre álbumes de estudio, en vivo, soundtracks y demás —o sea todo lo que les vino en gana registrar entre 1983 y 2004, temporada que duró el grupo. Jen se queja no porque la banda no le guste, le termina gustando, una persona se acostumbra a cualquier cosa, menos al dolor, sino porque una chica como ella no tendría por qué conocer a una banda como Guided By Voices. Eso la vuelve extraña, algo que nunca quiso ser, o sea algo especial, estrafalariamente hablando. Guided By Voices es para gente que no encaja en ningún lado. Por ejemplo, geeks irredentos, cultores de historietas, coleccionistas de muñequitos de He-Man y cosas por el estilo, nerds, perdedores, cautivos de gustos atrofiados. Como las canciones de Guided By Voices, es gente que no pareciera progresar nunca, que se quedara en meros amagos, en meros ensayos, gente y canciones que no aspiran a nada, o si aspiran a algo, a la grandeza, por ejemplo, lo hacen de lejos, coquetean con ella, pero en el fondo no les interesa, están demasiado ocupados divirtiéndose, haciendo otra cosa, algo inútil.
Siempre pensé que hace falta más gente así, pero sobre todo más grupos así.
Vampire on Titus, salido en 1993, es el sexto álbum de Guided By Voices, uno de los peor grabados, a propósito, y también uno de los más encantadores de su carrera… ¿Carrera dije? ¿Qué carrera?

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