Crítica creación
Más que una hermenéutica, una erótica del arte
Si no hubiera sido por Massive Attack, que la invitó a cantar en un par de recitales que el dúo dio el año pasado, nunca me habría enterado de la existencia de Stephanie Dosen. O quizá sí, pero demasiado tarde, cuando todo el mundo ya estuviera hablando de su dulzura, de sus canciones de cuna, de que arrulla con la voz, de comparaciones con Suzanne Vega y cosas así.
Simon Raymonde, ex Cocteau Twins, participa como guitarrista en el segundo disco de Stephanie, A Lily for the Spectre, que salió en 2007. Y que haya un ex Cocteau Twins confiando en las virtudes de Stephanie ya es decir algo. Por principio, arpegios para recostarse en ellos mientras el resto de la música nos arropa. Eso ya es suficiente y me imagino que más o menos es lo que tuvieron en mente los muchachos de Massive Attack, que no suelen elegir a cualquiera para que les cante sus canciones: Elizabeth Fraser, Tracey Thorn, Yolanda Quarty, Sinéad O’Connor… O lo que es lo mismo, voces útiles para todo aquel que quiera emprender la tarea de soñar despierto.
Stephanie Dosen no se queda muy atrás de ninguna de las nombradas, por más que lo suyo sea, todo hay que decirlo, un folk con demasiadas vetas comerciales como para tomarlo muy pero muy en serio, como la gente se toma a, por caso, Joanna Newsom, más freak y ciertamente más “new”. Con todo, me quedo con Stephanie, que grita menos.
Estuvo nominada al premio que entrega la revista inglesa New Musical Express a la cantante más sexie del año, pero perdió.
Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí: