Crítica creación

Más que una hermenéutica, una erótica del arte

Mar 4, 2009 7:31pm
Hay experiencias abrasivas, una mala noche, por ejemplo, o un encuentro no del todo afortunado. Desde sus comienzos, el ambient black metal ha tenido cosas así en mente, difusas y sin embargo dolorosas, cuestiones sin forma a las que quien las experimenta les termina de dar cierto contorno, incluso colores, o sonidos. Se las puede llamar de varias maneras a estas experiencias, que quizá no sean para todos igual de perceptibles. Quizá podríamos hablar de alucinaciones, o al menos de algo parecido, algo que viniera a producirse conforme el interior de cada uno y no de los estímulos de afuera, tal vez y después de todo inexistentes.
¿Se puede acaso citar como estímulo una guitarra eléctrica que apenas suena a eso, una guitarra embuída de sintetizadores, de reverb, de distorsión extrema? Cosas así, cuando se vuelven estímulo, sólo existen en la mente de cada uno, nada más. Para todos los demás es ruido, algo que se apaga para poder seguir con otra cosa.
El dúo Velvet Cacoon, de Oregon, compuesto por Angela y Josh, se adentra en estas experiencias abrasivas, en todas nuestras malas noches, en todos nuestros encuentros desafortunados y en cuestiones que uno no imaginaría en la mente de nadie. Velvet Cacoon se adentra pues en el ruido indescifrable que sólo un enfermo podría entender. Tal vez porque allá afuera no parece haber a simple vista ningún estímulo que se corresponda con lo que suena aquí, en Genevieve, su segundo disco.

Si en su disquería amiga no lo consigue, pruebe aquí:

http://rapidshare.com/files/60864904/Velvet_Cacoon.rar

Hay experiencias abrasivas, una mala noche, por ejemplo, o un encuentro no del todo afortunado. Desde sus comienzos, el ambient black metal ha tenido cosas así en mente, difusas y sin embargo dolorosas, cuestiones sin forma a las que quien las experimenta les termina de dar cierto contorno, incluso colores, o sonidos. Se las puede llamar de varias maneras a estas experiencias, que quizá no sean para todos igual de perceptibles. Quizá podríamos hablar de alucinaciones, o al menos de algo parecido, algo que viniera a producirse conforme el interior de cada uno y no de los estímulos de afuera, tal vez y después de todo inexistentes.
¿Se puede acaso citar como estímulo una guitarra eléctrica que apenas suena a eso, una guitarra embuída de sintetizadores, de reverb, de distorsión extrema? Cosas así, cuando se vuelven estímulo, sólo existen en la mente de cada uno, nada más. Para todos los demás es ruido, algo que se apaga para poder seguir con otra cosa.
El dúo Velvet Cacoon, de Oregon, compuesto por Angela y Josh, se adentra en estas experiencias abrasivas, en todas nuestras malas noches, en todos nuestros encuentros desafortunados y en cuestiones que uno no imaginaría en la mente de nadie. Velvet Cacoon se adentra pues en el ruido indescifrable que sólo un enfermo podría entender. Tal vez porque allá afuera no parece haber a simple vista ningún estímulo que se corresponda con lo que suena aquí, en Genevieve, su segundo disco.

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